Una piedrecita dentro del zapato molesta a cualquiera a los pocos pasos. Una persona con diabetes que tiene dañados los nervios del pie puede pasar la mañana entera caminando con ella sin enterarse, y encontrarse por la noche una herida en la planta. Muchos problemas del pie diabético empiezan así, con una lesión pequeña que no duele, que nadie ve a tiempo y que luego cuesta mucho curar.
El 14 de noviembre es el Día Mundial de la Diabetes, y la Federación Internacional de Diabetes ha elegido para 2026 y 2027 el lema de actuar pronto (Early action on diabetes). En los pies, actuar pronto significa mirarlos cada día, no dejar pasar una dureza o una rozadura y hacer la revisión del pie diabético en el podólogo antes de que aparezca una úlcera. Repasamos qué le hace la diabetes al pie, qué señales no se pueden ignorar y qué cuidados, revisiones y calzado evitan la mayoría de los problemas.
Qué encontrarás en este artículo
Lo más importante en un minuto
- El pie diabético reúne los problemas que la diabetes causa en el pie: pérdida de sensibilidad por la neuropatía, mala circulación, durezas que acaban en úlcera, infecciones y, en los casos graves, amputaciones.
- Según las guías internacionales del IWGDF, entre el 19 % y el 34 % de las personas con diabetes tendrá una úlcera en el pie a lo largo de su vida.
- Lo que más protege es sencillo: mirarse los pies cada día, no caminar descalzo ni siquiera en casa y llevar un calzado que no apriete ni roce.
- Nada de bolsas de agua caliente, estufas ni braseros para calentar los pies: con poca sensibilidad, la piel se quema sin que lo notes.
- La revisión en el podólogo va de una vez al año, si el pie está sano, a cada uno a tres meses si ya ha habido una úlcera.
- Un pie rojo, caliente e hinchado o una herida que no mejora son motivo para consultar el mismo día, aunque no duela.
Qué es el pie diabético
El Grupo de Trabajo Internacional sobre el Pie Diabético (IWGDF), que publica las guías de referencia en todo el mundo, llama pie diabético a cualquiera de estos problemas en el pie de una persona con diabetes: neuropatía periférica, enfermedad arterial periférica, infección, úlcera, neuroosteoartropatía de Charcot, gangrena o amputación. La complicación más frecuente y la que más preocupa es la úlcera del pie diabético, una herida que atraviesa la piel, casi siempre en una zona que soporta mucha presión, y que tarda en cerrar.
La diabetes es muy común. La Organización Mundial de la Salud calcula que en 2022 vivían con ella 830 millones de personas, el 14 % de los adultos del planeta, el doble que en 1990, y recuerda que muchas tienen problemas en los pies que pueden acabar en úlceras y amputaciones. En España, el estudio di@bet.es, con datos de 2009 y 2010, encontró diabetes en el 13,8 % de los adultos, y cerca de la mitad no sabía que la tenía.
Cuántas personas acaban teniendo una úlcera
Las guías del IWGDF de 2023 calculan que entre el 19 % y el 34 % de las personas con diabetes tendrá una úlcera en el pie en algún momento de su vida, y que cada año la sufre alrededor del 2 %. Una vez curada, vuelve con mucha facilidad: el 40 % de las personas tiene otra durante el primer año y el 65 % en los tres años siguientes.
No es solo un problema del pie. Un análisis publicado en 2020 en el Journal of Foot and Ankle Research vio que, cinco años después de una úlcera, había fallecido el 30,5 % de los pacientes, una cifra parecida a la del conjunto de los cánceres (31 %). Los autores concluyen que la úlcera y la amputación son algo más que un reflejo de mala salud: se asocian por sí mismas a una muerte prematura.
El riesgo, en cambio, no es igual para todo el mundo. Según el IWGDF, las personas con diabetes que conservan la sensibilidad y la circulación y no tienen deformidades en el pie no parecen tener más riesgo de úlcera que quienes no tienen diabetes. Y una atención del pie bien organizada podría evitar hasta el 75 % de las úlceras.
Por qué la diabetes daña los pies
Con los años, el exceso de glucosa en sangre daña los nervios y los vasos sanguíneos. En el pie, esos dos daños se suman a algo que casi nunca se tiene en cuenta: es la parte del cuerpo que más peso soporta y la que más roza contra el calzado.
Los nervios: un pie que deja de avisar
La neuropatía diabética hace que el pie pierda lo que las guías llaman sensibilidad protectora: deja de notar una piedra en el zapato, una costura que roza o el agua demasiado caliente. Además, la piel tiende a secarse y a agrietarse, y cada grieta es una puerta de entrada para las bacterias. A veces la neuropatía da hormigueo, ardor o pinchazos; otras no da ningún síntoma.
Las arterias: menos sangre, peor cicatrización
La enfermedad arterial periférica es el estrechamiento de las arterias de las piernas, casi siempre por aterosclerosis, las mismas placas que obstruyen las arterias del corazón. Según el IWGDF, está presente en hasta la mitad de las personas con una úlcera y es un factor de riesgo importante de mala cicatrización, gangrena y amputación. Su síntoma típico es la claudicación intermitente: dolor en la pantorrilla al caminar que obliga a parar y que se alivia con el reposo. Pero con neuropatía puede no doler nada.
La presión: de la dureza a la úlcera
El IWGDF describe cómo se forma la úlcera más típica. El pie sin sensibilidad, a menudo con los dedos en garra o con las articulaciones más rígidas, reparte mal el peso al caminar, y en los puntos que cargan más se forma una dureza. La dureza aumenta todavía más la presión, debajo aparece un pequeño sangrado y acaba abriéndose una herida. Otras veces el desencadenante es un golpe, un zapato que aprieta o una quemadura. Y como no duele, se sigue caminando encima, que es precisamente lo que impide que cure.
Señales de alarma del pie diabético
Lo primero que hay que saber es que el pie diabético puede no dar síntomas. Las guías lo dicen claramente: no notar nada no descarta que haya neuropatía, mala circulación o incluso una úlcera. Por eso, además de escuchar al pie, hay que mirarlo. Pide cita en los próximos días si notas:
- hormigueo, ardor, pinchazos o acorchamiento en los pies;
- que no distingues bien el agua tibia de la caliente;
- la piel muy seca o con grietas;
- durezas o callos que vuelven una y otra vez, y más si tienen un punto oscuro, que puede ser sangre debajo;
- uñas engrosadas, encarnadas o con hongos;
- dolor en la pantorrilla al caminar que se calma al parar;
- cambios en la forma del pie, como dedos en garra o en martillo;
- ampollas, rozaduras o cortes que tardan en curar.
Cuándo hay que ir el mismo día
No esperes a la cita si tienes diabetes y aparece:
- una herida abierta o una úlcera, por pequeña que sea;
- un pie o un dedo rojo, caliente o hinchado, aunque no duela;
- pus, mal olor o un enrojecimiento que se extiende alrededor de una herida;
- una zona de piel negra, o un dedo muy pálido y frío;
- fiebre o malestar junto con cualquiera de lo anterior.
En ese caso consulta ese mismo día y, si no es posible, ve a urgencias. Ten en cuenta que la neuropatía y la mala circulación pueden disimular la infección: según el IWGDF, en las infecciones leves o moderadas a menudo no hay fiebre ni dolor.
Tipos de pie diabético: neuropático, isquémico o mixto
No todas las úlceras tienen el mismo origen, y eso cambia el tratamiento. El IWGDF explica que casi todas las personas con una úlcera tienen neuropatía, y que la mayoría de las úlceras son neuropáticas puras o mixtas. Las puramente isquémicas son pocas.
| Qué mirar | Pie neuropático | Pie isquémico |
|---|---|---|
| Causa principal | Daño de los nervios: el pie pierde sensibilidad | Arterias estrechadas: llega poca sangre |
| Dolor | Poco o ninguno, aunque la herida sea profunda | Suele doler |
| Dónde aparece la herida | En zonas de presión de la planta, a menudo bajo una dureza | Después de un golpe o una rozadura pequeña |
| Pulsos del pie | Se notan | Débiles o ausentes |
Tabla orientativa elaborada a partir de las guías del IWGDF. El diagnóstico lo hace el profesional en la consulta.
La forma neuroisquémica combina las dos y es la más traicionera: como los nervios no avisan, la falta de riego puede no dar ningún síntoma aunque sea grave.
El pie de Charcot
Hay una complicación menos conocida que conviene tener presente: la neuroosteoartropatía de Charcot. Es una inflamación sin infección que, en un pie con neuropatía, va dañando huesos, articulaciones y tejidos blandos. Si no se trata a tiempo aparecen fracturas y luxaciones, y el pie se deforma. Suele empezar como un pie rojo, caliente e hinchado, con la piel intacta, y por la propia neuropatía puede doler poco o nada. Se puede confundir con una infección, un ataque de gota o una trombosis, así que cualquier pie así en una persona con diabetes tiene que valorarse sin esperar. El tratamiento consiste en descargar e inmovilizar el pie, a menudo con un yeso de contacto total hasta la rodilla, y suele durar varios meses.
La revisión del pie diabético en el podólogo
La revisión periódica es la base de la prevención. El IWGDF la resume en cinco puntos: identificar el pie en riesgo, revisarlo con regularidad, enseñar a la persona y a su familia a cuidarlo, usar un calzado adecuado y tratar a tiempo lo que puede acabar en úlcera, como las durezas, las uñas encarnadas o los hongos.
Qué se mira en la exploración
- Sensibilidad. Se comprueba con un monofilamento de 10 gramos, un hilo de nailon que se apoya sobre la planta del pie, y con un diapasón de 128 Hz colocado en el dedo gordo para ver si notas la vibración.
- Circulación. Se pregunta por el dolor al caminar y se palpan los pulsos del pie. Si no se notan, se puede medir la presión en el tobillo y calcular el índice tobillo-brazo, o estudiar las arterias con una ecografía Doppler.
- Piel y uñas. Color, temperatura, durezas, grietas, hongos, ampollas y pequeños sangrados bajo una dureza.
- Forma del pie. Dedos en garra o en martillo, prominencias óseas y rigidez de las articulaciones, explorando el pie tumbado y de pie.
- Calzado y autocuidado. Si el zapato es de la talla y no roza, cómo te cortas las uñas y si puedes verte la planta del pie.
En Clínica Eupnea, la consulta de podología hace exploraciones vasculares y neurológicas del pie diabético, y si hace falta estudiar mejor las arterias de las piernas, la ecografía Doppler arterial se hace en el mismo centro.
Cada cuánto revisar el pie diabético
La frecuencia depende del riesgo. Las guías del IWGDF de 2023 lo dividen en cuatro niveles:
| Riesgo | Qué tiene la persona | Revisión |
|---|---|---|
| 0, muy bajo | Sensibilidad y circulación normales | Una vez al año |
| 1, bajo | Pérdida de sensibilidad o mala circulación | Cada 6 a 12 meses |
| 2, moderado | Las dos cosas a la vez, o una de ellas con deformidad del pie | Cada 3 a 6 meses |
| 3, alto | Pérdida de sensibilidad o mala circulación y, además, una úlcera previa, una amputación o enfermedad renal terminal | Cada 1 a 3 meses |
Fuente: guías prácticas del IWGDF 2023. Los intervalos se basan en la opinión de expertos, porque no hay estudios que fijen la frecuencia ideal.
La podóloga decide la frecuencia después de la primera exploración, y la cambia si cambia el pie. Una úlcera curada no se da por cerrada del todo: el IWGDF habla de pie en remisión, porque el riesgo de que vuelva es muy alto y la prevención tiene que mantenerse de por vida.
Cuidados diarios del pie diabético
Las recomendaciones para casa son casi las mismas en todas las guías. Estas son las que el IWGDF da a las personas con un pie de riesgo y las que recoge MedlinePlus, la enciclopedia médica de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
Mírate los pies cada día
Revisa todo el pie, también la planta, el talón y entre los dedos. Busca cortes, ampollas, rozaduras, grietas, zonas rojas o más calientes y durezas nuevas. Un espejo en el suelo ayuda a ver la planta. Si no ves bien o no llegas, las guías piden que lo haga otra persona de casa. El momento más fácil de recordar es al quitarte los zapatos por la noche.
Lavado, secado e hidratación
Lávate los pies cada día con agua tibia, por debajo de 37 °C, y comprueba la temperatura con el codo, nunca con el pie. Sécalos con cuidado, sin frotar, sobre todo entre los dedos. Si la piel está seca, pon crema hidratante en todo el pie menos entre los dedos, donde la humedad hace que la piel se ablande y se rompa.
Si notas picor, descamación o grietas entre los dedos, puede ser pie de atleta. En una persona con diabetes conviene tratarlo pronto, porque las grietas que deja son una puerta de entrada para las bacterias. Lo explicamos en el artículo sobre el pie de atleta y los hongos en los pies.
Uñas, durezas y callos
Córtate las uñas en línea recta, sin apurar las esquinas, mejor después del baño, cuando están blandas. Si son gruesas, están deformadas o no las ves bien, que te las corte el podólogo. Las durezas y los callos no se tocan en casa: nada de cuchillas, tijeras ni callicidas o parches con ácido. En la consulta se quitan con técnicas indoloras y, sobre todo, se busca la causa, que suele ser un zapato o una manera de pisar que carga siempre el mismo punto.
Calor y frío: cuidado con la bolsa de agua caliente
Con el frío vuelven las bolsas de agua caliente, las almohadillas térmicas, las estufas y, en algunas casas, el brasero. Para un pie con poca sensibilidad son un riesgo serio. El IWGDF pide no usar ningún tipo de calefactor ni bolsa de agua caliente para calentar los pies, y MedlinePlus advierte de que pueden causar quemaduras graves cuando la piel no nota bien el calor. Si tienes los pies fríos, usa calcetines de abrigo, sin costuras y que no aprieten.
En verano el peligro cambia de sitio: la arena de la playa, las baldosas de la piscina o el asfalto al sol. MedlinePlus insiste en no caminar nunca descalzo sobre superficies calientes.
Nunca descalzo, ni siquiera en casa
Es el consejo que más cuesta cumplir, y las propias guías lo reconocen: mucha gente prefiere ir descalza o en calcetines por casa. Aun así, el IWGDF lo recomienda con firmeza a todas las personas con un pie de riesgo: no caminar descalzo, ni en calcetines sin zapato, ni con zapatillas de suela fina, dentro o fuera de casa. Al caminar así la planta soporta más presión y nada la protege de un golpe, de un objeto en el suelo o de una superficie caliente. Por casa, mejor un zapato cerrado, cómodo y con buena suela.
Calzado y plantillas para el pie diabético
Un calzado inadecuado y caminar descalzo son, según el IWGDF, dos de las principales causas de las heridas que acaban en úlcera. Estas son las medidas que dan las guías para elegir bien:
- Largo: por dentro, entre 1 y 2 centímetros más que el pie.
- Ancho: igual que la parte más ancha del pie, a la altura del nacimiento de los dedos.
- Alto: con espacio para que los dedos no rocen por arriba.
- Pruébatelo de pie y por la tarde, cuando el pie está más hinchado.
- Mira y palpa por dentro antes de ponértelo: una piedra, un clavo o una costura levantada pueden pasar desapercibidos.
- Estrena poco a poco, una o dos horas al día al principio, y alterna dos pares para que la presión no caiga siempre en el mismo sitio.
- Calcetines sin costuras (o del revés), que no aprieten, limpios y secos cada día.
- Evita las chanclas, los zapatos estrechos y los tacones de más de 5 centímetros.
Ahora es un buen momento para revisarlo: después de meses en sandalias, el pie vuelve a los zapatos cerrados, y un zapato nuevo, o guardado desde la primavera, puede rozar justo donde ya no se siente.
Plantillas a medida y calzado terapéutico
Cuando hay deformidades, durezas que vuelven o ya ha habido una úlcera, un zapato normal puede no bastar. En esos casos el IWGDF recomienda calzado terapéutico, con más profundidad o hecho a medida, y plantillas a medida que repartan la presión de la planta. También aconseja no volver a ponerse nunca el zapato que causó una úlcera. En Clínica Eupnea, las plantillas personalizadas se diseñan a partir del estudio biomecánico de la pisada, y el pie diabético es una de sus indicaciones.
Qué hacer si aparece una herida en el pie
Si encuentras una herida pequeña, una ampolla o una rozadura, lávala con agua y jabón suave o con suero fisiológico, tápala con un apósito estéril y no revientes las ampollas. Después, que la vea un profesional sin esperar a ver si se cura sola: MedlinePlus pide consultar enseguida cualquier problema en los pies y no intentar tratarlo por tu cuenta. Mientras tanto, apoya el pie lo menos posible. Seguir caminando sobre una herida que no duele es una de las razones por las que no cierra.
Si hay pus, mal olor, la piel de alrededor está roja y caliente o tienes fiebre, ve a urgencias ese mismo día.
Curas y seguimiento
En Clínica Eupnea, el equipo de enfermería hace curas de heridas, úlceras incluidas, y sigue a pacientes crónicos con diabetes. Una úlcera infectada, profunda o con mala circulación necesita, además, la valoración de un equipo especializado en pie diabético, y en ese caso te orientamos sobre dónde acudir.
Controlar la diabetes también es cuidar los pies
Los cuidados del pie funcionan mejor con la diabetes bien controlada. MedlinePlus incluye el buen control del azúcar en sangre entre las medidas para evitar problemas en los pies, y pide dejar de fumar, porque el tabaco reduce todavía más la sangre que llega al pie.
El control se sigue con la hemoglobina glicosilada (HbA1c), que refleja la glucosa media de los últimos meses, y con la tensión y el colesterol, porque la mala circulación de las piernas tiene casi siempre el mismo origen que la mayoría de los infartos: la aterosclerosis. En Clínica Eupnea el control de la diabetes lo llevan el Dr. David Pérez Asensio, en endocrinología, y el Dr. Josep Ausio, en medicina general, con la analítica en el mismo centro. Si quieres repasar los tipos de diabetes y sus síntomas, lo contamos en el artículo sobre la diabetes, y en el del colesterol alto, cómo leer los lípidos de la analítica.
Tener un pie de riesgo no impide hacer ejercicio. El IWGDF lo considera compatible siempre que se use un calzado adecuado y la actividad aumente poco a poco, hasta unos 1.000 pasos más al día.
Mitos sobre el pie diabético
«Si no me duele, no es grave.» En el pie diabético pasa justo lo contrario: el problema es que no duele. La neuropatía apaga la señal de alarma, y una úlcera profunda puede pasar días sin que nadie la vea.
«Un rato con la bolsa de agua caliente no hace daño.» Con la sensibilidad disminuida, la piel se quema sin que la persona lo note. Por eso las guías la desaconsejan siempre, aunque sea un rato.
«Los callos me los quito yo en casa.» Una cuchilla o un callicida pueden abrir una herida en un pie que cura mal. Las durezas se tratan en el podólogo, que además busca qué las provoca.
«Con diabetes, tarde o temprano llega la amputación.» No es así. Según el IWGDF, las personas con diabetes que conservan la sensibilidad y la circulación y no tienen deformidades no parecen tener más riesgo de úlcera que el resto, y una atención del pie bien organizada podría evitar hasta tres de cada cuatro úlceras.
Cómo te ayudamos en Clínica Eupnea
En Palamós, la consulta de podología la lleva la Sra. Virginia Marquez, colegiada en el Col·legi de Podòlegs de Catalunya. El servicio de pie diabético consiste en un seguimiento periódico y preventivo que incluye:
- la exploración vascular y neurológica del pie, para saber en qué nivel de riesgo estás;
- la quiropodia: durezas, callos (helomas) y uñas encarnadas o engrosadas, con técnicas indoloras;
- plantillas a medida diseñadas a partir del estudio biomecánico de la pisada;
- consejos de calzado y de cuidado diario adaptados a tu pie.
Si hace falta, en el mismo centro tienes la ecografía Doppler arterial, las curas de enfermería, la analítica y las consultas de endocrinología y medicina general.
Revisión del pie diabético en Palamós
Si tienes diabetes y nadie te ha mirado los pies en el último año, pide cita. También si notas hormigueo o acorchamiento, si tienes durezas que vuelven o si ya has tenido una herida que tardó en curar. Puedes llamar al 872 21 75 91 o escribir por WhatsApp, de lunes a viernes de 9.00 a 13.30 h y de 15.30 a 19.30 h.
Preguntas frecuentes
Es el conjunto de problemas que la diabetes causa en los pies: pérdida de sensibilidad por daño de los nervios (neuropatía), mala circulación, deformidades, úlceras, infecciones y, en los casos graves, amputaciones. La complicación más frecuente es la úlcera, una herida que suele aparecer en una zona de presión y que cura mal.
Según las guías internacionales del IWGDF, una vez al año si la sensibilidad y la circulación son normales; cada 6 a 12 meses si falla una de las dos; cada 3 a 6 meses si fallan las dos o hay deformidades, y cada 1 a 3 meses si ya ha habido una úlcera o una amputación. Además, conviene mirarse los pies cada día en casa.
Sí, si ves bien, llegas con comodidad y las uñas son normales: córtalas en línea recta y sin apurar las esquinas, mejor después del baño. Si son gruesas, están deformadas o encarnadas, o si tienes poca sensibilidad o no ves bien, es mejor que te las corte el podólogo.
Lávala con agua y jabón suave, tápala con un apósito estéril, no revientes la ampolla y camina lo menos posible. Que la vea un profesional sin esperar a ver si se cura sola. Si hay pus, mal olor, enrojecimiento que se extiende o fiebre, ve a urgencias.
No es recomendable. Si la sensibilidad del pie está disminuida, puedes quemarte sin notarlo, y las guías desaconsejan cualquier fuente de calor directa: bolsas de agua caliente, almohadillas térmicas, estufas o braseros. Mejor calcetines de abrigo sin costuras. Si tienes los pies fríos a menudo, coméntalo en la consulta, porque hay que descartar un problema de circulación.
Un zapato cerrado que por dentro mida entre 1 y 2 centímetros más que el pie, tan ancho como la parte más ancha del pie y con espacio para los dedos. Pruébatelo de pie y por la tarde, revisa el interior antes de ponértelo y estrénalo poco a poco. Si hay deformidades o ya ha habido una úlcera, el podólogo puede indicar calzado terapéutico o plantillas a medida.
En muchos casos, sí. Muchas amputaciones empiezan con una úlcera que no se ha tratado a tiempo, y el IWGDF calcula que una atención del pie bien organizada podría evitar hasta el 75 % de las úlceras. Las claves son el buen control de la diabetes, no fumar, mirarse los pies cada día, un buen calzado y revisiones periódicas en el podólogo.
¿Tienes diabetes y hace tiempo que nadie te mira los pies?
En Clínica Eupnea, en Palamós, la podóloga revisa la sensibilidad y la circulación de tus pies, trata durezas y uñas y te dice cada cuánto volver.
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