Te levantas con la nariz tapada, estornudas cuatro o cinco veces seguidas antes del café y a media mañana, en el trabajo, ya estás perfectamente. Al día siguiente, igual. A los diez días empiezas a pensar que este resfriado no se acaba nunca, y lo que pasa es que no has tenido ninguno.
La rinitis alérgica es la más frecuente de todas las enfermedades alérgicas y afecta a alrededor de una de cada cuatro personas. En la Costa Brava tiene una particularidad que sorprende a mucha gente: el pico no llega en primavera con el polen, sino en septiembre y octubre, y el responsable suele vivir dentro de casa. Es el ácaro del polvo.
Qué encontrarás en este artículo
- Por qué la rinitis empeora en otoño
- Síntomas: qué hace la rinitis alérgica
- Rinitis alérgica o resfriado: cinco diferencias
- Intermitente o persistente: cómo se clasifica
- La nariz y el bronquio son el mismo tubo
- Sinusitis, otitis y dormir mal
- Cómo se confirma: prick test, IgE y provocación nasal
- Control ambiental: qué funciona con los ácaros
- Tratamiento: lavados, antihistamínicos y corticoide nasal
- Inmunoterapia: cambiar el curso de la enfermedad
- Cuándo pedir cita con el alergólogo
- Preguntas frecuentes
Las claves en treinta segundos
- El ácaro del polvo se multiplica a 20-25 °C con humedad alta y prácticamente desaparece por debajo del 45 % de humedad relativa. La costa le va perfecta; el otoño, todavía más.
- Lo que provoca la alergia no es el ácaro sino sus excrementos, y el reservorio principal es el colchón y la almohada.
- La rinitis alérgica pica, va por tandas de estornudos y da moco claro. El resfriado da dolor de garganta, decaimiento y se acaba solo.
- El diagnóstico se cierra con prick test o IgE específica, no con el aspecto del moco.
- El corticoide nasal es el fármaco más eficaz, pero necesita días para hacer efecto.
- La inmunoterapia es el único tratamiento que modifica la enfermedad; dura entre tres y cinco años.
Por qué la rinitis empeora en otoño
Los ácaros del polvo doméstico son arácnidos microscópicos, de dos a cinco décimas de milímetro, que se alimentan de las escamas de piel que vamos dejando por el camino. No pican, no transmiten nada y no se ven. El problema es químico: las proteínas de sus excrementos son potentes alérgenos y quedan en polvo fino que se pone en suspensión cada vez que te giras en la cama o sacudes una almohada.
El ácaro necesita calor y humedad, y el Baix Empordà las tiene
Esta especie vive cómoda con temperaturas de 20 a 25 °C y una humedad relativa alta, en torno al 70-75 %. Por debajo del 45 % de humedad se deshidrata y muere, que es por lo que en la montaña y en el interior seco de la península la sensibilización a ácaros es mucho más baja. En la franja litoral ocurre lo contrario, como recoge la ficha sobre la alergia a los ácaros de la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica.
La consecuencia es estacional. Durante el verano la población crece, y a finales de agosto y en septiembre llega a su máximo, justo cuando la humedad marina sigue siendo alta y la temperatura ya no quema. Lo que respiras en el dormitorio en septiembre está mucho más cargado que en julio, aunque la casa esté igual de limpia.
Los hongos de final de verano
El segundo protagonista del otoño es Alternaria, un hongo ambiental que vive sobre restos vegetales y que libera esporas con tiempo cálido y seco. Su pico en el Mediterráneo cae precisamente entre el final del verano y el comienzo del otoño, y en algunas zonas de España hay dos temporadas, una a finales de primavera y otra ahora. La propia clínica lo tiene identificado: entre los alérgenos más frecuentes del Baix Empordà están la parietaria, las gramíneas, el olivo, el ciprés, los ácaros y los hongos ambientales.
Y el cambio de hábitos
En septiembre se cierran las ventanas por la noche, se vuelve a la rutina de casa y, unas semanas después, se enciende la calefacción. Se pasan más horas en el interior y se ventila menos. Nada de esto crea la alergia, pero concentra la exposición, y por eso mucha gente sitúa el inicio de los síntomas «justo al volver de vacaciones».
Síntomas: qué hace la rinitis alérgica
El cuadro típico combina estornudos en tanda, moco claro y acuoso, congestión y picor. El picor es el detalle que más orienta, porque un virus no pica: aquí pica la nariz, a menudo el paladar y el fondo de la garganta, y muchas veces también los ojos, que se ponen rojos y lloran. Cuando la conjuntiva participa hablamos de rinoconjuntivitis, que es la forma más habitual.
Hay síntomas que no se asocian con la alergia y que tienen mucho que ver: cansancio durante el día, dolor de cabeza sordo en la frente, olfato disminuido, garganta seca por la mañana tras haber respirado por la boca toda la noche, y en los niños un gesto repetido de frotarse la nariz hacia arriba con la palma. La ficha de MedlinePlus sobre la rinitis alérgica recoge esta lista en lenguaje llano y sin vender nada.
Rinitis alérgica o resfriado: cinco diferencias
- El picor. Presente en la alergia, ausente en el resfriado.
- Los estornudos. En tandas de cinco o seis seguidos, no uno suelto de vez en cuando.
- El moco. Claro y líquido todo el tiempo. En un resfriado se espesa y se oscurece hacia el tercer o cuarto día.
- La fiebre y el malestar. El resfriado suele empezar con dolor de garganta y cuerpo cortado; la alergia no hace ni una cosa ni la otra.
- La duración y el patrón. Un virus se acaba en siete o diez días. La alergia se repite cada día, a menudo peor por la mañana al despertarse o al entrar en una habitación concreta.
Esta diferencia no es una curiosidad. Distinguirlo ahorra antibióticos que no hacen falta y, sobre todo, evita años de tratar cada otoño como si fuera un constipado de vuelta al colegio.
Intermitente o persistente: cómo se clasifica
La clasificación internacional que se usa en consulta no ordena la rinitis por el alérgeno sino por el tiempo y por el impacto. Se considera intermitente cuando los síntomas aparecen cuatro días o menos por semana, o durante menos de cuatro semanas seguidas, y persistente cuando superan los cuatro días semanales y las cuatro semanas consecutivas. La gravedad se mide con cuatro preguntas: duermes bien, puedes hacer tu actividad diaria y el deporte, rindes en el trabajo o en la escuela, y los síntomas te molestan. Si no falla ninguna de esas cuatro cosas es leve; si falla alguna, moderada o grave.
Parece burocrático y no lo es: esa etiqueta decide el tratamiento. Una rinitis intermitente leve se controla con un antihistamínico y medidas ambientales, mientras que una persistente moderada pide corticoide nasal diario y plantearse el estudio completo. Los criterios exactos están en el capítulo sobre rinitis y rinoconjuntivitis del libro de las enfermedades alérgicas de la Fundación BBVA y la SEAIC.
La nariz y el bronquio son el mismo tubo
La mucosa que se inflama en la nariz continúa hacia abajo sin ninguna frontera. Por eso la rinitis y el asma van tan a menudo juntas: entre el 70 y el 90 por ciento de las personas con asma tienen rinitis, y entre el 19 y el 38 por ciento de las personas con rinitis tienen o acabarán teniendo asma. Tratar bien la nariz mejora el control del asma, e ignorarla lo hace más difícil.
Por eso, cuando en la consulta de alergología aparece una rinitis persistente, se pregunta siempre por el pecho: tos seca de madrugada, silbidos, sensación de pecho cerrado al hacer esfuerzo o al reír. Si hay sospecha, el estudio se amplía con una espirometría y, si conviene, con la medición de óxido nítrico exhalado, que estima la inflamación de la vía aérea. La valoración la comparten el alergólogo y el servicio de neumología. En niños, ese mismo solapamiento explica por qué las crisis se disparan en septiembre, un tema que desarrollamos en el artículo sobre asma infantil y vuelta al cole.
Sinusitis, otitis y dormir mal
Una rinitis mal controlada no se queda quieta. La congestión mantenida dificulta el drenaje de los senos y favorece sinusitis de repetición; en niños, la obstrucción de la trompa de Eustaquio provoca otitis medias serosas que pasan desapercibidas y que se notan como una pérdida de audición leve. Cuando el cuadro ya lleva semanas o meses, la exploración la completa el servicio de otorrinolaringología, que puede descartar pólipos nasales o una desviación del tabique que esté contribuyendo.
Y hay un coste silencioso: el sueño. Respirar por la boca toda la noche fragmenta el descanso, y el resultado se confunde con estrés, con falta de horas o con la edad. Muchos pacientes solo se dan cuenta de lo mal que dormían cuando llevan dos semanas de tratamiento.
Cuándo no se espera al próximo septiembre
Pide valoración antes si los síntomas son solo de un lado de la nariz, si hay sangrados repetidos, si el moco es espeso y verde con dolor facial y fiebre, si has perdido el olfato de golpe, si notas ahogo o silbidos al respirar, o si los síntomas no ceden con el tratamiento que ya tomabas. Ninguna de esas cosas es propia de una rinitis alérgica simple y todas merecen una exploración.
Cómo se confirma: prick test, IgE y provocación nasal
El diagnóstico empieza con la historia clínica, que es más informativa de lo que parece: en qué meses aparece, a qué hora, si mejora fuera de casa, si hay animales, humedades o alfombras, y qué les pasa a los padres y a los hermanos. Con eso ya se sospecha el alérgeno; lo que falta es demostrarlo.
Cómo se diagnostica la rinitis alérgica en Clínica Eupnea
El prick test consiste en poner una gota de cada extracto en el antebrazo y hacer una punción superficial. A los quince o veinte minutos se lee la reacción comparándola con un control. Es rápido, económico y se hace en la propia consulta; la única condición es haber dejado los antihistamínicos cinco o siete días antes, porque si no la piel no responde. Cuando la piel no es valorable, por una dermatitis extensa o por medicación que no se puede suspender, se hace una analítica de IgE específica. En los casos dudosos, cuando los síntomas y las pruebas no acaban de cuadrar, está la provocación nasal o conjuntival, que reproduce la reacción de forma controlada. Explicamos el procedimiento con detalle en el artículo sobre la prueba de alergias, y los fundamentos de la enfermedad alérgica en la guía sobre el origen y el impacto de las alergias.
Control ambiental: qué funciona con los ácaros
El dormitorio, primero
Pasas allí un tercio de la vida y es donde hay más ácaros. Las medidas con más sentido son pocas y concretas: sábanas lavadas cada semana a 60 °C, fundas de colchón y de almohada de tejido de trama cerrada, retirar alfombras, moquetas y peluches de la habitación, aspirar con filtro HEPA o de agua en lugar de barrer, pasar un paño húmedo y no seco, ventilar cada día aunque haga frío y mantener la humedad de la casa por debajo del 50 % si tienes un higrómetro barato para comprobarlo.
Dónde se pierde el tiempo
Aquí conviene ser honesto. Las revisiones que han puesto a prueba estas medidas encuentran que reducen la cantidad de ácaros, pero los ensayos que miden los síntomas son pequeños y de calidad desigual, y cuando se estudia una sola medida aislada (la funda del colchón por sí sola, por ejemplo) el beneficio clínico es escaso. Eso no significa que no sirvan: significa que funcionan como conjunto, sostenidas, y que no sustituyen al tratamiento. Comprar una funda cara y quedarse ahí es la manera más habitual de seguir igual y pensar que la alergia no tiene solución.
Tratamiento: lavados, antihistamínicos y corticoide nasal
Los lavados nasales con suero fisiológico o solución salina son la base y lo que menos se hace. Arrastran el alérgeno y el moco, mejoran la congestión sin ningún efecto adverso y se pueden repetir hasta tres veces al día. Hechos antes del pulverizador, hacen que el fármaco llegue donde tiene que llegar.
Los antihistamínicos orales de segunda generación cortan el picor, los estornudos y el moco, y prácticamente no dan sueño. En cambio tienen poco efecto sobre la congestión, que es el síntoma que más molesta por la noche.
El corticoide nasal es el fármaco más eficaz sobre todos los síntomas a la vez, incluida la congestión. Actúa localmente, la dosis que pasa a la sangre es mínima y está pensado para usarse semanas seguidas. Tiene dos normas que deciden si funciona: se usa cada día, también los días buenos, y se dirige el pulverizador hacia el exterior de la fosa nasal, nunca hacia el tabique, para evitar sequedad y sangrados.
El spray descongestivo y el efecto rebote
El vasoconstrictor nasal de farmacia destapa la nariz en un minuto y es una trampa conocida. Pasados unos días deja de hacer efecto y la mucosa se inflama más que al principio, de modo que el paciente aumenta la dosis y entra en un círculo que puede durar años. La recomendación del sistema público británico es no pasar de cinco días seguidos, y no usarlo en menores de seis años. Si llevas tiempo con uno en el bolsillo, merece la pena decirlo en consulta: se sale, pero con un plan.
Inmunoterapia: cambiar el curso de la enfermedad
Todo lo anterior alivia síntomas. La inmunoterapia, o vacuna de la alergia, es el único tratamiento capaz de modificar la evolución natural de la enfermedad: administra dosis crecientes del alérgeno, en inyección o en gotas sublinguales, hasta que el sistema inmunitario deja de reaccionar de forma desproporcionada. Dura entre tres y cinco años y el efecto se mantiene tiempo después de haberla terminado.
No es para todo el mundo. Hace falta un alérgeno bien identificado que explique el cuadro, síntomas lo bastante molestos para justificar un tratamiento largo y constancia. Cuando se da esa combinación, la eficacia en rinitis y asma se sitúa entre el 80 y el 90 por ciento. La indicación la valora siempre el alergólogo, con la prueba en la mano.
Cuándo pedir cita con el alergólogo
Tiene sentido pedir cita si llevas más de tres o cuatro semanas con la nariz tapada y estornudos, si cada otoño se repite lo mismo, si los antihistamínicos de la farmacia ya no te bastan, si duermes mal o respiras por la boca, si has empezado a notar tos seca o falta de aire, o si simplemente quieres saber a qué eres alérgico en lugar de ir probando. En Clínica Eupnea, en Palamós, la Dra. Carolina Escobar hace el prick test, el estudio de IgE, la espirometría y la medición de óxido nítrico en el mismo centro, y valora la inmunoterapia cuando está indicada.
Preguntas frecuentes
Fíjate en tres cosas: el picor, el reloj y el calendario. La rinitis alérgica pica (nariz, paladar, ojos) y el resfriado no; los estornudos van en tandas de cinco o seis y el moco es claro y acuoso; y los síntomas se repiten día tras día siempre a la misma hora o en el mismo sitio. Un resfriado da dolor de garganta y decaimiento los primeros días, suele traer febrícula y se acaba en una semana o diez días. Si llevas tres semanas con la nariz tapada y nada más, ya no es un virus.
Porque lo que cambia no es tu alergia sino la cantidad de alérgeno. El ácaro del polvo se reproduce bien alrededor de los 20-25 °C con humedad relativa alta, y a partir de septiembre la costa gerundense le da las dos cosas a la vez. En la práctica, al final del verano la población de ácaros ha llegado a su máximo y lo que respiras en el dormitorio está mucho más concentrado que en julio. Ayuda además que vuelves a pasar más horas dentro de casa y que cierras las ventanas.
El prick test se hace con unas punciones superficiales en el antebrazo, tan finas que la mayoría de la gente las describe como una molestia y no como un dolor. Se coloca una gota de cada extracto, se pincha a través de la gota y se espera. La lectura se hace a los quince o veinte minutos, y sales de la consulta con el resultado. La única preparación importante es suspender los antihistamínicos entre cinco y siete días antes: si no, la piel no reacciona y la prueba no sirve de nada.
Sirve, pero menos de lo que promete la publicidad y mucho menos si es lo único que haces. Las revisiones que han analizado estas medidas encuentran que sí reducen la cantidad de ácaros, y en cambio los ensayos que miran si mejoran los síntomas dan resultados flojos cuando se estudia una medida aislada, como la funda del colchón por sí sola. La lectura razonable es que el control ambiental tiene sentido como conjunto sostenido, sobre todo en el dormitorio, pero no sustituye al tratamiento ni a la inmunoterapia.
Son el tratamiento más eficaz para todos los síntomas de la rinitis y están pensados justamente para usarse de forma continuada durante semanas o meses. La dosis que llega a la sangre es muy pequeña, y los efectos secundarios habituales son locales: sequedad, costras o algún sangrado leve, que suelen desaparecer si se cambia el ángulo del pulverizador hacia fuera y no hacia el tabique. Lo que sí conviene saber es que no hacen efecto el primer día: tardan unos días en trabajar y algunos pacientes no notan el máximo hasta la segunda semana. Abandonarlos al tercer día porque «no hacen nada» es el error más común.
La nariz y el bronquio son la misma vía respiratoria y se inflaman con el mismo mecanismo. Entre el 70 y el 90 por ciento de las personas con asma tienen también rinitis, y entre el 19 y el 38 por ciento de las personas con rinitis acaban teniendo asma. Eso no significa que vaya a pasarte, pero sí que merece la pena comentarlo si además de los estornudos notas tos seca nocturna, pecho cerrado o que te falta el aire subiendo una cuesta. En ese caso se hace una espirometría y, si hace falta, una medición de óxido nítrico exhalado para ver cómo está la inflamación del bronquio.
Es lo único que cambia el curso de la enfermedad en lugar de tapar los síntomas. Se administran dosis crecientes del alérgeno al que eres sensible, en inyección o en gotas bajo la lengua, hasta que el sistema inmunitario deja de reaccionar de forma exagerada. El tratamiento dura entre tres y cinco años y no es para todo el mundo: hace falta que la prueba haya identificado un alérgeno claro y que ese alérgeno explique lo que te pasa. Cuando está bien indicada, la eficacia en rinitis y asma se sitúa entre el 80 y el 90 por ciento, y el efecto se mantiene años después de terminarla.
¿Cada otoño la misma nariz tapada?
En Clínica Eupnea, en Palamós, te hacemos el prick test con resultado el mismo día y te explicamos a qué eres alérgico y qué se puede hacer.
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