Asma infantil y vuelta al cole: por qué las crisis se disparan en septiembre

Niños con mochilas entrando en el colegio una mañana soleada de septiembre, la época del año en que más se descontrola el asma infantil

El aviso casi nunca llega el primer día de clase. Llega diez o quince días después, una madrugada cualquiera, con una tos seca que no para y un niño que se incorpora en la cama porque tumbado respira peor. Las familias que ya han pasado por ello lo reconocen enseguida. El verano fue tranquilo, el inhalador de mantenimiento se quedó en un cajón a mediados de julio, y septiembre viene a pasar factura.

No es mala suerte. El asma infantil tiene un patrón estacional muy marcado y su peor momento del año coincide con la vuelta al cole: las urgencias pediátricas por crisis de asma suben de forma clara pocas semanas después de que las aulas se llenen. Un patrón tan previsible tiene una ventaja, y es que se puede anticipar. La ventana para hacerlo son estas últimas semanas de agosto.

Qué vas a encontrar en este artículo

  1. Por qué septiembre es el peor mes del asma infantil
  2. Los tres frentes que se juntan a la vez
  3. Cómo se reconoce el asma en un niño
  4. Cómo se confirma: espirometría, alergia e inflamación
  5. Señales de alarma: cuándo no se espera a mañana
  6. El plan de acción por escrito que debería tener el colegio
  7. Inhalador y cámara: los errores que le quitan efecto al tratamiento
  8. Educación física, deporte y asma
  9. Qué hacer estas semanas antes de que empiece el curso
  10. Preguntas frecuentes

Las claves en treinta segundos

  • El pico existe y está descrito: los ingresos pediátricos por asma se disparan entre dos y tres semanas después del regreso a las aulas.
  • El principal responsable no es el polvo de tiza sino los virus del resfriado, sobre todo el rinovirus, que vuelven a circular cuando los niños se juntan otra vez.
  • Dejar el tratamiento de mantenimiento durante las vacaciones deja al niño sin protección justo antes del peor mes.
  • Tos nocturna, tos al correr y silbidos al respirar son la tríada que más se pasa por alto.
  • La espirometría y las pruebas de alergia son las que ponen el diagnóstico sobre una base objetiva.
  • Todo niño con asma debería empezar el curso con un plan de acción por escrito y su inhalador de rescate accesible.

Por qué septiembre es el peor mes del asma infantil

El fenómeno tiene nombre propio en la literatura médica: el pico de septiembre. Se describió con datos de hospitales norteamericanos, donde el repunte de ingresos pediátricos por asma es tan constante que casi puede señalarse en el calendario, unas dos semanas y media después del primer día de clase. Las series que lo cuantificaron atribuyen a septiembre en torno a una cuarta parte de todos los ingresos infantiles por asma del año.

Los calendarios escolares cambian de un país a otro y el pico se desplaza con ellos, pero la mecánica que lo produce es la misma en todas partes: muchos niños que vuelven a compartir aula, virus que llevaban meses sin circular y tratamientos que se relajaron en verano.

Conviene recordar de qué enfermedad hablamos. Según la ficha de la Organización Mundial de la Salud sobre el asma, es la enfermedad crónica más habitual de la población infantil y en 2023 la padecían unos 363 millones de personas en el mundo. No es algo raro ni una etiqueta que se ponga a la ligera: es el diagnóstico crónico más frecuente que ve un pediatra.

Qué significa esto para una familia concreta

Que si tu hijo tiene asma y todos los años acabáis en urgencias en septiembre, no estáis ante una casualidad sino ante un patrón. Y un patrón se puede romper. El trabajo útil no se hace el día de la crisis, se hace las semanas de antes.

Los tres frentes que se juntan a la vez

Tres cosas coinciden en pocas semanas y cada una, por separado, ya sería capaz de estropear un buen control.

Los virus vuelven con las aulas

El desencadenante número uno de las crisis de asma en la infancia no es el polen ni el frío: es un resfriado común. El rinovirus circula poco en verano y regresa con fuerza cuando los niños vuelven a compartir espacio, mesa y juguetes. En un pulmón sano provoca mocos y dolor de garganta; en un pulmón con asma inflama la vía aérea y puede desencadenar una crisis en 24 o 48 horas. Por eso las primeras crisis del curso suelen empezar con un catarro aparentemente banal.

Aulas y casas cerradas todo el verano

Un espacio cerrado durante semanas acumula polvo y ácaros, y el momento de abrirlo y moverlo todo es precisamente el de volver. En la Costa Brava se suma una humedad de septiembre que favorece tanto a los ácaros como a los mohos. Si el niño es alérgico a alguna de esas cosas, la primera semana de clase es una exposición intensa concentrada en pocos días.

El tratamiento que se aparcó en julio

Es el factor más silencioso y el más fácil de corregir. Muchos niños pasan el verano bien y, como están bien, la familia espacia las dosis y termina dejando el corticoide inhalado. El problema es que ese fármaco no actúa a demanda: desinflama la vía aérea manteniéndolo cada día, y cuando se retira, la inflamación regresa despacio y sin dar síntomas hasta que llega un virus y la hace saltar. Llegar a septiembre sin mantenimiento es llegar sin red.

Cómo se reconoce el asma en un niño

La imagen típica es la del silbido, pero muchas asmas infantiles no silban nunca delante de los padres. Se manifiestan con tos, y por eso se confunden durante meses con catarros encadenados o con «bronquitis de repetición».

Ninguno de estos signos por sí solo diagnostica nada. Lo que hace sospechar es el patrón: síntomas que van y vienen, que empeoran de noche o con el ejercicio, y que mejoran con broncodilatador. Si quieres una visión general de la enfermedad, la tienes en el artículo sobre asma: síntomas, causas y tratamiento.

Cómo se confirma: espirometría, alergia e inflamación

La sospecha es clínica; la confirmación, cuando la edad lo permite, es objetiva. En Clínica Eupnea el niño es atendido por un especialista en pediatría en Palamós, con el apoyo de las unidades de alergología, otorrinolaringología, fisioterapia respiratoria y neumología.

Espirometría infantil: desde qué edad

La espirometría mide cuánto aire mueve el pulmón y a qué velocidad. Exige colaboración (soplar fuerte y hasta el final siguiendo una instrucción), y por eso se hace habitualmente a partir de los cinco o seis años. A menudo se repite tras un broncodilatador: si los valores mejoran de forma significativa, esa reversibilidad es uno de los argumentos más fuertes a favor del diagnóstico.

Pruebas de alergia y estudio de la inflamación

Una parte importante del asma infantil es alérgica, y saber a qué reacciona el niño cambia el plan. Las pruebas de alergia incluyen tests cutáneos, pruebas epicutáneas y, cuando hace falta, pruebas de provocación nasal y conjuntival. Además, el estudio de la inflamación de la vía aérea mide biomarcadores que ayudan a confirmar el diagnóstico, valorar la gravedad y ajustar el tratamiento sin ir a ciegas.

Cuando el problema principal es la retención de moco y las infecciones de repetición, la fisioterapia respiratoria complementa el tratamiento farmacológico y enseña a la familia a manejar inhaladores y nebulizadores correctamente.

Señales de alarma: cuándo no se espera a mañana

Una crisis de asma puede ir a más en pocas horas. Hay que buscar atención urgente si aparece cualquiera de estos signos:

El plan de acción por escrito que debería tener el colegio

Es el documento que más diferencia marca y el que menos familias llevan. Un plan de acción ocupa media página, lo firma el pediatra y responde a tres preguntas: qué hace el niño cada día, qué hace cuando empieza a encontrarse mal y a partir de qué punto se avisa a la familia o se acude a urgencias.

Niño recibiendo tratamiento inhalado con mascarilla en el sofá de casa con la ayuda de su madre durante una crisis de asma

Debería incluir el nombre del fármaco de mantenimiento y su dosis, el de rescate y cuántas pulsaciones se dan, los desencadenantes conocidos del niño, el teléfono de la familia y el del pediatra. Se entrega una copia al colegio a principio de curso, junto con la autorización para que el niño pueda llevar o acceder a su inhalador de rescate. Un inhalador guardado bajo llave en un despacho no sirve de nada un martes a las once de la mañana.

Inhalador y cámara: los errores que le quitan efecto al tratamiento

Buena parte de los tratamientos que «no funcionan» funcionarían perfectamente si llegaran al pulmón. Los errores de técnica con la cámara espaciadora son muy frecuentes y todos se corrigen en una consulta.

Cómo se usa la cámara según la edad

Hasta los cuatro o cinco años, cámara con mascarilla facial que cubra nariz y boca, bien ajustada, manteniéndola diez segundos o unas seis respiraciones. A partir de esa edad, cámara con boquilla entre los dientes y los labios cerrados alrededor. En ambos casos, una pulsación cada vez y esperar medio minuto antes de la siguiente.

Educación física, deporte y asma

Un niño con asma bien controlada hace educación física como el resto y puede competir. La idea de que asma y deporte son incompatibles ha hecho más daño que bien: apartar al niño de la actividad empeora su forma física, y cuanto peor es la forma física, antes aparece el ahogo.

Lo que sí ayuda: calentar entre diez y quince minutos antes de un esfuerzo intenso, evitar el ejercicio al aire libre los días de mucho frío o mucha contaminación, y tener el inhalador de rescate en el pabellón y no dentro de la mochila en el vestuario. Si el niño tose o silba cada vez que corre, el problema no es el deporte: es que el tratamiento de fondo no está ajustado y hay que revisarlo.

Qué hacer estas semanas antes de que empiece el curso

Una lista corta, por orden de utilidad:

Si quieres contrastarlo con una fuente independiente, la ficha de asma en niños de MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, y la página de asma infantil de los Manuales MSD cubren el mismo terreno con lenguaje llano.

Preguntas frecuentes

¿Por qué a mi hijo se le dispara el asma justo al empezar el colegio?

Porque coinciden tres cosas en pocas semanas. Los virus del resfriado, sobre todo el rinovirus, vuelven a circular en cuanto los niños comparten aula y son el desencadenante número uno de las crisis en la infancia. Los espacios cerrados todo el verano se abren de golpe y liberan ácaros y polvo. Y muchos niños han pasado el verano sin el tratamiento de mantenimiento, así que la vía aérea llega a septiembre más inflamada de lo que debería. La suma explica el pico de crisis que se repite año tras año.

¿Se puede diagnosticar asma a un niño de tres años?

Se puede sospechar y se puede tratar, pero el diagnóstico a esa edad es clínico: no hay una prueba que lo confirme de forma definitiva. El pediatra se apoya en los episodios repetidos de sibilancias, en si mejoran con broncodilatador, en los antecedentes familiares de asma o alergia y en si el niño tiene dermatitis atópica. Muchos niños pequeños silban solo cuando tienen un virus y dejan de hacerlo hacia los seis años; otros continúan. El seguimiento es lo que acaba distinguiendo los dos caminos.

¿A partir de qué edad se puede hacer una espirometría a un niño?

Habitualmente a partir de los cinco o seis años, porque la prueba exige entender una instrucción y soplar con fuerza hasta el final, y eso no se consigue antes. Con un técnico acostumbrado a niños hay quien la hace bien a los cuatro. En Clínica Eupnea la espirometría infantil se realiza en un entorno adaptado y a menudo se repite tras administrar un broncodilatador: si los valores mejoran de forma significativa, esa respuesta es uno de los argumentos más sólidos a favor del diagnóstico de asma.

¿El corticoide inhalado afecta al crecimiento del niño?

Es la pregunta que hacen casi todas las familias y tiene una respuesta honesta. Sí existe un efecto, y es pequeño: se concentra en el primer año de tratamiento, ronda el medio centímetro de velocidad de crecimiento, y en el seguimiento más largo que existe se tradujo en poco más de un centímetro de talla adulta. No es acumulativo ni progresivo. Enfrente está lo que provoca un asma infantil mal controlada: crisis, urgencias, noches sin dormir, absentismo escolar y tandas de corticoide oral, que sí pesan más. Por eso se usa la dosis mínima que mantenga bien al niño y se revisa periódicamente.

¿Hace falta cámara espaciadora si el niño ya sabe usar el inhalador?

Sí, hasta bien entrada la adolescencia. La cámara resuelve el problema real de los inhaladores de cartucho presurizado, que es la coordinación entre el disparo y la inspiración; sin ella, buena parte del fármaco se queda en la boca y en la garganta. Con cámara llega mucho más medicamento al pulmón y hay menos efectos locales como la afonía o los hongos. Hasta los cuatro o cinco años se usa con mascarilla facial; a partir de ahí, con boquilla. Se da una pulsación cada vez y el niño respira cinco o seis veces seguidas.

¿Un niño con asma puede hacer educación física y deporte?

Debe hacerlo. Un niño con el asma bien controlada hace lo mismo que el resto, incluido deporte de competición. Si se cansa antes, tose o silba cada vez que corre, el mensaje no es que deje la actividad sino que el tratamiento no está ajustado. Lo que sí ayuda es calentar diez minutos antes, evitar el ejercicio intenso los días de mucho frío o mucha contaminación y tener el inhalador de rescate a mano en el pabellón, no dentro de la mochila en el vestuario.

¿Tenemos que sacar al perro de casa o cambiar el colchón?

No de forma automática. Las medidas ambientales solo compensan cuando hay una sensibilización demostrada a ese alérgeno concreto, y eso lo dice una prueba, no una sospecha. Si las pruebas confirman alergia a los ácaros, las fundas antiácaros en colchón y almohada y lavar la ropa de cama a 60 grados tienen sentido. Si confirman alergia al epitelio de perro, hay que hablarlo con calma con la familia. Hacer cambios grandes en casa sin saber a qué es alérgico el niño suele ser esfuerzo perdido.


¿Quieres llegar a septiembre con el asma de tu hijo bajo control?

En Clínica Eupnea, en Palamós, el pediatra puede revisar el tratamiento, comprobar la técnica de inhalación y hacer la espirometría y las pruebas de alergia antes de que empiece el curso.

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