Siempre empieza igual. Una mañana de septiembre te pasas la mano por el pelo y se te quedan cuatro entre los dedos. En el desagüe de la ducha hay más pelo del que recordabas y la goma da una vuelta más que en junio. La primera reacción es mirarse la raíz en el espejo del baño buscando un claro que, casi siempre, todavía no está.
La caída del cabello en otoño es una de las consultas más repetidas de septiembre y octubre, y la inmensa mayoría de las veces responde a un fenómeno conocido, medido y reversible. Pero no todas lo son. Distinguir la caída estacional de la que esconde otra cosa es sencillo si sabes qué mirar, y es exactamente lo que vas a encontrar aquí.
Qué encontrarás en este artículo
- Cuánto pelo es normal perder al día
- Por qué se cae más pelo en otoño
- El efluvio telógeno: la caída que llega tres meses tarde
- Cuándo la caída del cabello ya no es estacional
- Qué hay que mirar en una analítica
- Caída del cabello en la mujer: posparto, menopausia y hormonas
- El cuero cabelludo también cuenta
- Qué se puede hacer en consulta
- Caída del cabello: qué ayuda en casa y qué mitos no sirven
- Cuándo pedir cita
- Preguntas frecuentes
Las claves en treinta segundos
- Perder un centenar de pelos al día entra dentro de lo normal; lo que orienta es el cambio respecto a hace un mes, no la cifra.
- El pico de pelos en fase de reposo se concentra a finales del verano y la caída visible llega uno o dos meses después: septiembre y octubre.
- El efluvio telógeno aparece dos o tres meses después de lo que lo desencadena: una fiebre alta, un parto, una dieta dura, una operación o una mala temporada.
- Una caída difusa suele ser reversible; una caída por zonas, con claros o con el cuero cabelludo rojo y doloroso, no espera.
- La ferritina y la función tiroidea son los dos parámetros que más a menudo explican una caída que no se detiene.
- Los tratamientos capilares funcionan mejor como apoyo que como solución única, y nunca sustituyen a tratar la causa.
Cuánto pelo es normal perder al día
La cifra que se maneja habitualmente es de unos cien pelos al día. Lo recoge, entre otras fuentes, la ficha sobre la pérdida de cabello de MedlinePlus, de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Es un número orientativo y no hace falta contarlos.
El motivo es que el pelo no crece de forma sincronizada. Cada folículo va por libre y pasa por tres fases: una larga de crecimiento, una muy corta de transición y una de reposo que dura alrededor de tres meses y termina con la caída del pelo para dejar sitio al que viene detrás. En un cuero cabelludo sano hay, en todo momento, entre un 5 y un 15 por ciento de folículos en reposo. Ese porcentaje es el que sube y baja a lo largo del año.
Cómo valorar la caída del cabello sin obsesionarse
Contar pelos acaba mal: se convierte en un ritual de ansiedad que no aporta nada. Hay formas más útiles de seguirlo. La primera es fotografiarse la raya y la coronilla con la misma luz y la misma postura una vez al mes; el cambio real se ve comparando fotos, no mirándose al espejo cada día. La segunda es fijarse en el grosor de la coleta: si la goma da una vuelta más que hace medio año, hay una pérdida de densidad objetiva.
Por qué se cae más pelo en otoño
Que el pelo se cae más en otoño no es una leyenda de peluquería. Hay estudios que siguieron a personas sanas durante años arrancando y contando cabellos de forma sistemática, y todos encontraron lo mismo: el porcentaje de pelos en fase de reposo alcanza su máximo a finales del verano, y la caída visible lo sigue con uno o dos meses de retraso. Traducido al calendario mediterráneo, eso significa septiembre y octubre.
Conviene ser honesto con el alcance de esos datos. Son series pequeñas, hechas mayoritariamente en mujeres y hombres sanos del norte de Europa, y no explican del todo el mecanismo. La hipótesis más repetida relaciona el fenómeno con el fotoperiodo y con las horas de sol acumuladas, un resto del pelaje estacional que conservan la mayoría de mamíferos. Sea cual sea el motivo de fondo, el patrón se repite año tras año.
Lo que añade el verano de la Costa Brava
A la caída fisiológica se le suma todo lo que el pelo ha pasado entre junio y septiembre. Sol directo durante horas, sal, cloro de piscina, secadores y planchas sobre un cabello ya castigado y, a menudo, unos meses de comer desordenado y dormir poco. Nada de eso arranca el pelo de la raíz, pero sí deteriora la fibra: el cabello se rompe antes, se ve más fino y la sensación de pérdida aumenta aunque el número de folículos sea el mismo.
El efluvio telógeno: la caída que llega tres meses tarde
Es el nombre técnico de la caída difusa más frecuente, y la clave para entenderla es el retraso. Cuando el cuerpo atraviesa un episodio exigente, muchos folículos que estaban creciendo entran de golpe en fase de reposo. Como esa fase dura unos tres meses, el pelo no se cae entonces sino un trimestre después, cuando la persona ya se ha olvidado de lo que pasó y no relaciona una cosa con la otra.
Los desencadenantes más habituales son conocidos:
- Una fiebre alta o una infección importante, incluidos los cuadros virales que dejan el cuerpo tocado unos cuantos días.
- Un parto: la caída del posparto es el ejemplo clásico y aparece entre el segundo y el cuarto mes.
- Una intervención quirúrgica o una anestesia general.
- Una dieta muy restrictiva o una pérdida de peso rápida, sobre todo si va acompañada de poca proteína.
- Un periodo de estrés intenso o de sueño muy insuficiente mantenido en el tiempo.
- El inicio o el cambio de determinados fármacos, entre ellos algunos anticoagulantes, antitiroideos, retinoides o antidepresivos.
La buena pista diagnóstica está en mirar tres meses atrás, no tres días. Si en mayo tuviste una gripe que te dejó cinco días en cama, la caída de agosto puede venir de ahí. Este tipo de caída es difusa (sale de toda la cabeza, no de una zona), se detiene sola y el pelo se recupera, aunque la recuperación sea más lenta de lo que a nadie le gustaría.
Cuándo la caída del cabello ya no es estacional
Hay señales que sacan el caso del terreno estacional y lo llevan al de una consulta sin esperar a la primavera.
- Claros redondeados y bien delimitados, de aparición rápida, en la cabeza o en la barba: es el patrón de la alopecia areata y necesita valoración.
- Enrojecimiento, descamación, dolor o pústulas en el cuero cabelludo. Cuando hay inflamación y el folículo se pierde, la pérdida puede ser definitiva, y ahí el tiempo cuenta.
- Ensanchamiento progresivo de la raya o pérdida de densidad en la coronilla mantenida durante meses: apunta a alopecia androgenética, que no es estacional y tiene tratamiento propio.
- Entradas que retroceden de forma clara en un hombre joven.
- Caída que sigue igual de fuerte pasados seis meses.
- Caída acompañada de cansancio, intolerancia al frío, aumento o pérdida de peso, reglas muy abundantes o uñas quebradizas.
Para orientarte sobre los distintos tipos, la página de alopecia de los Manuales MSD los describe con lenguaje llano y sin vender nada.
Qué hay que mirar en una analítica
Ante una caída difusa que no se detiene, la analítica es la primera herramienta y a menudo la que da la respuesta. En Clínica Eupnea los análisis clínicos se realizan en el propio centro, con extracción por la mañana y resultados comentados en consulta.
La ferritina: el número que más se malinterpreta
La ferritina mide el hierro almacenado y baja mucho antes que la hemoglobina. Se puede tener un hemograma perfectamente normal y el depósito de hierro prácticamente vacío. Aquí hay un matiz importante: muchos laboratorios marcan como normal a partir de 10 o 15 ng/ml, pero buena parte de la literatura dermatológica sitúa el umbral útil para el pelo bastante más arriba, entre 30 y 40, y algunos autores todavía más. No existe una cifra cerrada y aceptada por todos. Por eso el valor se interpreta con la persona delante: no es lo mismo un 25 en una mujer con reglas abundantes y seis meses de caída que ese mismo 25 en alguien sin ningún otro síntoma.
Tiroides, vitamina D y el resto del panel
La función tiroidea es la otra sospechosa habitual. Tanto el hipotiroidismo como el hipertiroidismo provocan caída difusa, y muchas veces el pelo es el primer motivo por el que alguien acaba pidiendo hora. Si quieres entender cómo se manifiestan, lo explicamos en el artículo sobre problemas de tiroides. Al panel se le suelen añadir vitamina D, vitamina B12, zinc y, en mujeres con signos de exceso androgénico, un estudio hormonal. El resto de determinaciones se piden según lo que cuente cada paciente, no por rutina.
Caída del cabello en la mujer: posparto, menopausia y hormonas
Durante el embarazo el pelo suele estar espectacular porque los niveles hormonales alargan la fase de crecimiento. Después del parto esos niveles caen en picado y todos aquellos folículos que iban de prórroga entran en reposo a la vez. El resultado es la caída del posparto, que suele empezar hacia el segundo o tercer mes, asusta mucho y se resuelve sola a lo largo del primer año.
La menopausia plantea otra situación. La caída del estrógeno deja el efecto androgénico más al descubierto y el pelo tiende a afinarse en la parte alta de la cabeza manteniendo la línea frontal. No es un efluvio pasajero sino un cambio progresivo, y se aborda de otra manera. Junto al pelo suelen aparecer otros síntomas que conviene poner en contexto: los repasamos en la guía de la menopausia.
El cuero cabelludo también cuenta
Un error muy extendido es tratar el pelo y olvidarse de la piel de la que sale. Un cuero cabelludo con descamación, picor o enrojecimiento mantiene una inflamación de fondo que empeora cualquier caída, por bueno que sea el tratamiento capilar que se aplique encima.
La causa más frecuente es la dermatitis seborreica, que va por brotes y a menudo empeora con el cambio de estación y con el estrés. Se controla bien, pero necesita un tratamiento propio y constante; hablamos de ella a fondo en el artículo sobre dermatitis seborreica. También entran aquí la psoriasis del cuero cabelludo y, en niños, las infecciones por hongos, que exigen tratamiento por vía oral. Si te pica, te descama o te duele la cabeza al tocarla, esa parte se resuelve primero.
El pelo no se recupera a la velocidad que te gustaría
Un cabello crece aproximadamente un centímetro al mes. Aunque la caída se detenga hoy, los pelos nuevos tardarán meses en hacerse visibles y, mientras tanto, irán apareciendo como unos pelos cortos y rebeldes en la línea de la frente que mucha gente confunde con rotura. Son buena señal. Cualquier tratamiento capilar, sea el que sea, hay que valorarlo con ese calendario en la cabeza: antes de tres o cuatro meses no se puede juzgar nada.
Qué se puede hacer en consulta
La primera parte del trabajo es siempre diagnóstica: ver el cuero cabelludo, valorar el patrón de la caída, revisar los fármacos y pedir la analítica. A partir de ahí, en la unidad de medicina estética en Palamós se valoran los tratamientos capilares que tienen sentido en cada caso.
Bioestimulación capilar
La bioestimulación capilar consiste en llevar activos, vitaminas y factores nutritivos directamente al folículo mediante microinyecciones en el cuero cabelludo. El objetivo es mejorar el entorno en el que crece el pelo, ganar densidad y calidad capilar y frenar la caída. Se hace por sesiones y es más eficaz como apoyo de un plan completo que como gesto aislado.
PRP capilar
El PRP capilar utiliza plasma rico en plaquetas obtenido de una pequeña extracción de sangre de la propia persona. Se centrifuga para concentrar los factores de crecimiento y se aplica en el cuero cabelludo. La lógica es estimular los folículos que todavía son viables. Funciona mejor en alopecias incipientes, requiere varias sesiones y mantenimiento, y no crea pelo donde el folículo ya se ha perdido. Explicado así, sin promesas de más, es una herramienta razonable.
Tratar la causa, que es lo que más cambia el resultado
Ningún tratamiento capilar compensa una ferritina por los suelos, un hipotiroidismo sin controlar o una dieta sin proteína suficiente. Cuando hay una causa corregible, corregirla es lo que da la vuelta a la situación; el resto acompaña. Esa es la diferencia entre un abordaje médico y uno solo estético, y el motivo por el que la analítica va antes que la primera sesión.
Caída del cabello: qué ayuda en casa y qué mitos no sirven
Cosas con efecto real, aunque modesto:
- Comer suficiente proteína cada día. El pelo es prácticamente queratina y las dietas muy bajas en proteína se notan en la cabeza a los pocos meses.
- Lavarse el pelo con la frecuencia que pida el cuero cabelludo, sin miedo. Espaciar los lavados no salva ni un cabello.
- Aflojar la tensión mecánica: coletas muy tirantes, moños con pinzas agresivas y extensiones mantenidas terminan provocando alopecia por tracción, sobre todo en las sienes.
- Bajar la temperatura del secador y espaciar la plancha durante las semanas de más caída.
- Dormir lo suficiente y tratar el estrés sostenido, que es un factor real y no una excusa.
Mitos que siguen circulando
Cortarse el pelo no hace que crezca más fuerte: el grosor se decide en la raíz y lo que hace la tijera es eliminar puntas abiertas. Los champús anticaída mejoran el estado del cuero cabelludo, pero ninguno pone pelo nuevo; el tiempo de contacto durante un lavado es demasiado corto para nada más. Y la idea de que la caída viene de «mala circulación» en la cabeza y se corrige con masajes vigorosos no se sostiene: si acaso, frotar con fuerza una zona irritada empeora las cosas. Para repasar cómo funciona el ciclo capilar en detalle, los Manuales MSD explican el crecimiento del pelo paso a paso.
Cuándo pedir cita
No hay que correr por una caída difusa de tres semanas en septiembre. Sí merece la pena pedir cita si se cumple cualquiera de estas condiciones: la caída dura más de tres meses, hay claros o zonas sin pelo, el cuero cabelludo duele o está rojo, se acompaña de cansancio u otros síntomas generales, se ha ensanchado la raya de forma clara, o simplemente llevas meses dándole vueltas. Una visita con analítica suele cerrar el tema mucho antes que seis meses de pruebas por tu cuenta.
Preguntas frecuentes
Alrededor de un centenar, y es una cifra que no hace falta contar. El pelo no crece todo a la vez: cada folículo sigue su propio ciclo y, en un momento dado, entre el 5 y el 15 por ciento están en fase de reposo esperando para caer. Por eso siempre aparecen en el cepillo, en la almohada y en el desagüe. Lo que de verdad orienta no es el número exacto sino el cambio: si este mes sale claramente más que el mes pasado y eso dura semanas, merece la pena mirarlo.
Sí, y está descrito en estudios que siguieron a personas sanas durante años midiendo cuántos cabellos tenían en fase de reposo. El porcentaje máximo aparece a finales del verano y la caída visible llega uno o dos meses después, es decir, en septiembre y octubre. Son trabajos pequeños y no explican del todo por qué ocurre (se apunta a las horas de sol y al fotoperiodo), pero el patrón se repite. La caída del cabello estacional es real, molesta y, en principio, pasajera.
Entre seis semanas y tres o cuatro meses en la mayoría de los casos, y después se frena sola. El pelo nuevo tarda en hacerse visible: como crece aproximadamente un centímetro al mes, los primeros pelos cortos en la línea de la frente no se ven hasta unas cuantas semanas más tarde. Si la caída sigue igual de fuerte más allá de los seis meses, ya no se puede atribuir a la estación y hay que buscar la causa.
No. El pelo que se va con el champú ya estaba desprendido del folículo; lavarse solo hace que salga todo junto en lugar de repartido a lo largo del día. De hecho, espaciar mucho los lavados suele asustar más, porque lo que habría caído en tres días aparece de golpe en el desagüe. Un cuero cabelludo sucio o con caspa tampoco ayuda: la descamación y el picor empeoran la caída en vez de frenarla.
La básica suele incluir hemograma, hierro y ferritina, función tiroidea (TSH y T4 libre) y vitamina D; según el caso se añaden B12, zinc, función hepática y renal y, en mujeres con otros síntomas, un perfil hormonal. La ferritina es la que más información da porque baja mucho antes que la hemoglobina: puedes no estar anémica y tener el depósito de hierro vacío. En Clínica Eupnea la analítica se hace en el propio centro y el resultado se comenta en consulta, que es lo que de verdad importa.
Pueden ayudar en casos seleccionados, sobre todo cuando hay una alopecia incipiente con folículos vivos y se usan como apoyo, no como solución mágica. El PRP capilar concentra los factores de crecimiento de tu propia sangre y los deposita en el cuero cabelludo; la bioestimulación capilar aporta nutrientes y activos directamente al folículo. Ninguno de los dos crea pelo donde el folículo ya ha desaparecido, ninguno sustituye al tratamiento de la causa y ambos requieren sesiones y mantenimiento. Con esas cartas sobre la mesa, merece la pena valorarlo en consulta.
Sirven si te falta lo que contienen. El déficit de biotina es rarísimo en alguien que come con normalidad, y tomarla de más no hace crecer más pelo; además puede alterar analíticas de tiroides y de marcadores cardíacos y llevar al médico a conclusiones equivocadas, así que conviene avisar de que la tomas. Los suplementos de hierro sí funcionan cuando el depósito está bajo, pero se toman con un resultado delante y con control, no por intuición. Antes de comprar un bote, el dinero rinde más en una analítica.
¿Se te cae más pelo del que te parece normal?
En Clínica Eupnea, en Palamós, valoramos el cuero cabelludo, pedimos la analítica que toca y te decimos si hace falta tratamiento capilar o no.
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